La luz y la mujer

La luz y la mujer 

Para mí la luz es pura expresión de libertad. No entiende de límites, de fronteras, de idiomas, de colores de piel, de religiones ni de sexos. La luz es universal y es parte intrínseca de nuestras vidas. Y es ésta, entre otras, una de las maravillas de la luz.

Nuestro lenguaje, el de las artistas y los artistas que trabajamos con la luz, es tan potente y une tanto, que podemos llegar a sentir emociones parecidas, reírnos de las mismas cosas o relacionarnos con la luz, – los focos, los colores, el contenido de cada efecto, las mesas de luces…-, de la misma manera, muchas veces sin poder hilar tres frases seguidas en la misma lengua o perteneciendo a culturas diferentes. Y es en ese código universal donde nos encontramos y donde se traspasan las barreras. Cada vez que he llegado a un teatro nuevo de gira o que he empezado una nueva producción con un equipo de iluminación hasta entonces desconocido, he sentido ese mimbre invisible que nos vincula, esa empatía, la complicidad y el amor por lo que hacemos por encima de mi género.

Siempre he perseguido mis sueños y lo sigo haciendo con ilusión. Creo que ningún día de mi vida me he levantado pensando que, por el hecho de ser mujer, no podría cumplir mis deseos.

Es verdad que soy mujer y que sigue siendo un trabajo mayoritariamente masculino, pero no es algo con lo que yo viaje en mi mochila ni me haga sentir diferente o especial. Soy quién soy, Olga, artista, iluminadora y mujer, claro. Orgullosa y contenta de serlo. Pero cuando llego a un teatro soy yo… Y ese “yo” es muy amplio.

He de decir que toda la gente con la que trabajo, me llama por ser yo, por mi persona, por mi trabajo y también por mi mujer, claro, porque forma parte de mí. Y que desde la Asociación de Iluminadores, desde nuestra querida A.a.i. siempre he sentido esa mirada. La mirada al “yo” completo. Un profundo respeto de los que nos sabemos y sentimos hermanados y hermanadas por el trabajo, por un respirar compartido. Y por ello me siento profundamente agradecida.

Cuando escucho las noticias sobre las injusticias a la mujer, siento rabia, tristeza o indignación. Y me encantaría extrapolar a otros trabajos, a otros lugares, este sentir nuestro de libertad. A estas alturas de mi vida, no conozco mejor herramienta para transformar el mundo que impregnarse de arte y cultura. Creo que el arte y en particular la luz, ayuda a caminar hacia la mejor versión de una misma. Soy consciente de que somos, todas y todos los que trabajamos con la luz, personas privilegiadas.

Si estás en contacto con el arte, si te dejas impregnar y vives con él, es a mi entender muy improbable que hagas diferencias o que cometas injusticias, porque habrás trascendido la mediocridad del ser humano.

Es hoy mi deseo que ninguna mujer ponga freno a sus sueños por el hecho de ser mujer. Mucha luz para todas las mujeres. Ojalá que en todos los rincones del mundo se escuchen sus voces.

Olga García 

2020-03-08T15:46:38+00:00